MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA
Entre la docencia y mi profesión
Los estudios profesionales los hice en la Licenciatura en Historia, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Antes de ingresar a la ENAH había considerado la posibilidad de solicitar el ingreso a la Normal, pero no lo hice; la ENAH me convenció y decidí continuar con los estudios en la carrera de Historia. Fue en la ENAH donde me inicié como Profesor Adjunto, al semestre siguiente de haber terminado los estudios de licenciatura en el año de 1987. Uno de mis profesores en la licenciatura me hizo la propuesta de trabajar con él en las materias de Teoría de la Historia y en Geografía Histórica. Este fue mi primera experiencia en la docencia. Acepté esta responsabilidad, ya que necesitaba buscar una manera de ejercer mi profesión; el trabajo que tenía no me lo permitía. La experiencia en la ENAH me permitió apreciar un camino nuevo en mi desarrollo personal, fundamentalmente porque comencé a trabajar como docente y, además, me permitía hacerlo en algo me agradaba y estaba relacionado con mis estudios profesionales.
El trabajo docente cambió mis expectativas sobre el futuro en aquel momento, pues se convirtió en un proyecto de vida. La impartición de clases en la educación superior me ayudó en la consolidación por dedicar mi tiempo a la formación de los estudiantes. Esta situación me enfrentó a la necesidad de conocer mejor el proceso de enseñanza y aprendizaje de la historia. Esto me planteaba nuevos retos al tener que encontrar explicaciones a mis dudas en ámbitos que no eran parte de mi formación profesional, pero que era importante conocerlos con el fin de poder desarrollar mis conocimientos en el terreno educativo.
Después de algunos años en el trabajo docente en la ENAH surgió la propuesta de trabajar en la educación media superior, en el Centro de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios No. 2 (CETIS Esto significó un cambio en mi actividad profesional, pues requirió de la dedicación de tiempo completo. Sin dejar de dar clases en la ENAH, empecé a trabajar en el CETIS; al poco tiempo tuve que tomar la decisión de sólo dedicarle mi tiempo al trabajo docente en el bachillerato tecnológico.
La decisión fue tomada con el convencimiento de que había que hacerlo responsablemente, como lo señale arriba, pues fue formando parte de un proyecto de vida para dedicarle la mayor atención al trabajo con los jóvenes bachilleres. Esta decisión la tomé con mucho agrado y satisfacción.
Alo largo de los años me he convencido que este es el lugar donde tengo de desarrollar mis actividades profesionales, tratando de hacerlo en las mejores condiciones posibles.
Finalmente, sólo menciono que sí existiera alguna insatisfacción, ésta sería la de ver a los alumnos abandonar los estudios, cualquiera que sean los motivos, y no poder apoyarlos para que continúen estudiando.
Con mi trabajo me siento feliz, pues hago lo que me gusta: trabajo en la educación impartiendo clases en materias relacionadas con mi profesión.
El trabajo docente cambió mis expectativas sobre el futuro en aquel momento, pues se convirtió en un proyecto de vida. La impartición de clases en la educación superior me ayudó en la consolidación por dedicar mi tiempo a la formación de los estudiantes. Esta situación me enfrentó a la necesidad de conocer mejor el proceso de enseñanza y aprendizaje de la historia. Esto me planteaba nuevos retos al tener que encontrar explicaciones a mis dudas en ámbitos que no eran parte de mi formación profesional, pero que era importante conocerlos con el fin de poder desarrollar mis conocimientos en el terreno educativo.
Después de algunos años en el trabajo docente en la ENAH surgió la propuesta de trabajar en la educación media superior, en el Centro de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios No. 2 (CETIS Esto significó un cambio en mi actividad profesional, pues requirió de la dedicación de tiempo completo. Sin dejar de dar clases en la ENAH, empecé a trabajar en el CETIS; al poco tiempo tuve que tomar la decisión de sólo dedicarle mi tiempo al trabajo docente en el bachillerato tecnológico.
La decisión fue tomada con el convencimiento de que había que hacerlo responsablemente, como lo señale arriba, pues fue formando parte de un proyecto de vida para dedicarle la mayor atención al trabajo con los jóvenes bachilleres. Esta decisión la tomé con mucho agrado y satisfacción.
Alo largo de los años me he convencido que este es el lugar donde tengo de desarrollar mis actividades profesionales, tratando de hacerlo en las mejores condiciones posibles.
Finalmente, sólo menciono que sí existiera alguna insatisfacción, ésta sería la de ver a los alumnos abandonar los estudios, cualquiera que sean los motivos, y no poder apoyarlos para que continúen estudiando.
Con mi trabajo me siento feliz, pues hago lo que me gusta: trabajo en la educación impartiendo clases en materias relacionadas con mi profesión.
El ser y hacer docente
En el momento de ir leyendo “La aventura de ser maestro” me fueron surgiendo recuerdos de los primeros momentos como docente; recordé una ocasión en que, siendo estudiante de licenciatura, en una asignatura llegó un profesor a presentarse y a la segunda clase mencionó que nunca había dado clases, pues su trabajo siempre había sido como investigador.: no lo rechazamos, nos quedamos con el para aprender juntos.
Menciono lo anterior pues quienes nos dedicamos a la enseñanza no siempre tenemos los conocimientos necesarios para cumplir a cabalidad con la labor docente. En la licenciatura no nos preparamos para la enseñanza. Es a través de la experiencia como vamos aprendiendo a realizar mejor nuestro trabajo, cometiendo errores y ensayando nuevas formas de aprendizaje para acercarnos, con mayor confianza, a los alumnos; de éstos últimos también aprendemos.
En lo que se refiere a la relación con los jóvenes de educación media superior, recuerdo que al llegar al Centro de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios No. 2 (CETIS) y enfrentarme a alumnos con los que no había trabajado, sólo tenía como referencia a los alumnos del nivel superior. Esto significó un reto, pues tenía que lograr el acercamiento con los alumnos mediante un lenguaje que fuera cercano a su propia manera de percibir las cosas: era un mundo diferente, con seres humanos con inquietudes e intereses propios de su edad juvenil.
Tenía que encontrar la manera de concretar la comprensión de los conocimientos sobre las asignaturas que iba a impartir. Afortunadamente tuve asignaturas que estaban ligadas a los conocimientos adquiridos en la licenciatura de historia. Pero el problema principal fue cuando tenía que planear actividades que hicieran posible la comprensión de los temas de los cursos e involucrar a los alumnos en ese proceso de aprendizaje. En este principio, fue importante la orientación de los profesores de mayor experiencia para, sobre la marcha, resolver los problemas que tenían que ver con técnicas de aprendizaje; además fue necesario que cuando había cursos de capacitación me inscribiera en aquellos dedicados al proceso de enseñanza y aprendizaje y de aprendizaje y enseñanza, como la didáctica de la historia. Esto último sigue llamando mi atención, pues nunca se puede dejar de aprender y menos cuando estamos involucrados en procesos educativos que cambian con el transcurrir del tiempo, que adquieren y se actualizan con nuevas modalidades del proceso de aprendizaje.
En el aula se recrea el proceso de aprendizaje y enseñanza, es el lugar más inmediato en donde tanto alumnos como profesores aprendemos. La docencia no significa que quienes saben son únicamente los profesores, aunque es necesario que dominen su propio campo de conocimiento, mas se hace necesario que adquiramos y desarrollemos las herramientas más útiles para cumplir con las expectativas de aprendizaje de los alumnos.
Los profesores tenemos que reconocer que las preguntas e inquietudes de los alumnos son una gran ayudan para reflexionar sobre nuestro quehacer docente; nos plantean interrogantes nuevas sobre los problemas del conocimiento. Freire plantea en la primera carta de Cartas a quien pretende enseñar la importancia de conocer los rasgos cultuales distintivos de los alumnos con quienes trabajamos, porque ellos también con sus actitudes y manifestaciones culturales no enseñan. Es decir que siempre debe haber una relación indisoluble entre al aprender y el enseñar y que quienes somos participes en las aulas, alumnos y profesores, estamos en un proceso de constante aprendizaje, y también de cambio en nuestra formación intelectual.
Menciono lo anterior pues quienes nos dedicamos a la enseñanza no siempre tenemos los conocimientos necesarios para cumplir a cabalidad con la labor docente. En la licenciatura no nos preparamos para la enseñanza. Es a través de la experiencia como vamos aprendiendo a realizar mejor nuestro trabajo, cometiendo errores y ensayando nuevas formas de aprendizaje para acercarnos, con mayor confianza, a los alumnos; de éstos últimos también aprendemos.
En lo que se refiere a la relación con los jóvenes de educación media superior, recuerdo que al llegar al Centro de Estudios Tecnológicos, Industrial y de Servicios No. 2 (CETIS) y enfrentarme a alumnos con los que no había trabajado, sólo tenía como referencia a los alumnos del nivel superior. Esto significó un reto, pues tenía que lograr el acercamiento con los alumnos mediante un lenguaje que fuera cercano a su propia manera de percibir las cosas: era un mundo diferente, con seres humanos con inquietudes e intereses propios de su edad juvenil.
Tenía que encontrar la manera de concretar la comprensión de los conocimientos sobre las asignaturas que iba a impartir. Afortunadamente tuve asignaturas que estaban ligadas a los conocimientos adquiridos en la licenciatura de historia. Pero el problema principal fue cuando tenía que planear actividades que hicieran posible la comprensión de los temas de los cursos e involucrar a los alumnos en ese proceso de aprendizaje. En este principio, fue importante la orientación de los profesores de mayor experiencia para, sobre la marcha, resolver los problemas que tenían que ver con técnicas de aprendizaje; además fue necesario que cuando había cursos de capacitación me inscribiera en aquellos dedicados al proceso de enseñanza y aprendizaje y de aprendizaje y enseñanza, como la didáctica de la historia. Esto último sigue llamando mi atención, pues nunca se puede dejar de aprender y menos cuando estamos involucrados en procesos educativos que cambian con el transcurrir del tiempo, que adquieren y se actualizan con nuevas modalidades del proceso de aprendizaje.
En el aula se recrea el proceso de aprendizaje y enseñanza, es el lugar más inmediato en donde tanto alumnos como profesores aprendemos. La docencia no significa que quienes saben son únicamente los profesores, aunque es necesario que dominen su propio campo de conocimiento, mas se hace necesario que adquiramos y desarrollemos las herramientas más útiles para cumplir con las expectativas de aprendizaje de los alumnos.
Los profesores tenemos que reconocer que las preguntas e inquietudes de los alumnos son una gran ayudan para reflexionar sobre nuestro quehacer docente; nos plantean interrogantes nuevas sobre los problemas del conocimiento. Freire plantea en la primera carta de Cartas a quien pretende enseñar la importancia de conocer los rasgos cultuales distintivos de los alumnos con quienes trabajamos, porque ellos también con sus actitudes y manifestaciones culturales no enseñan. Es decir que siempre debe haber una relación indisoluble entre al aprender y el enseñar y que quienes somos participes en las aulas, alumnos y profesores, estamos en un proceso de constante aprendizaje, y también de cambio en nuestra formación intelectual.
Moisés Zaldívar Salazar